viernes, 26 de febrero de 2010

Experincia Propia

Hace unos cuantos años atrás, cuando era un niño, mi afición por los videojuegos era gigantesca, básicamente el único ejercicio que hacía era con mis dedos en los controles de mi Nintendo 64 o de mi televisor. Tal comportamiento me clasificaba perfectamente como un niño completamente sedentario físicamente. Yo pasaba horas y horas frente al televisor ya fuera sentado en la cama (cuando los juegos se tornaban muy emocionantes) o acostado para más comodidad y tranquilidad. Mi juego era incesante hasta tal punto que habían días los cuales ni siquiera dormía por estar jugando. Todo este tipo de actividad empezó a afectarme tanto en el colegio (mi rendimiento académico) como en mi aspecto físico (empezé a tener razgos de obesidad).

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